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La última vez que morí…

Estuvieron muy buenos los comentarios hace unos días, cuando abrí la pregunta en FaceBook acerca de qué pensaba la gente: si todo estaba predestinado en la vida o teníamos libertad de escoger nuestro propio camino. La gente compartió opiniones distintas, algunas divididas y contrarias. Yo les digo que un punto de vista no excluye al otro, por razones que argumento en este artículo.

Según la tradición budista (Libro Tibetano de los Muertos o Bardo Thodol), cuando morimos todos pasamos por un proceso en el cual nuestra vida es analizada y juzgada por nosotros mismos. Al morir somos guiados a través de un túnel hacia un lugar en donde se encuentran seres queridos y guías que nos apoyan y ayudan en este proceso. No se trata de un juicio, sino más bien de una revisión y evaluación de nuestra vida, para después planear lo que haremos en nuestra siguiente oportunidad (léase nuestra siguiente vida). Algunos se quedan en este lugar, llamado bardo, estudiando o descansando, otros se apuran a tomar un nuevo cuerpo y continuar con sus deberes o trabajando sus deudas.

La creencia de los budistas se ha visto apoyada por numerosos hipnoterapeutas, que desde hace mas de 30 años se han encontrado con que muchos de sus pacientes en sesión de hipnosis profunda, se han visto en esta situación de análisis y planeación. Algunos planean detalladamente su vida, escogiendo familia, pareja, hijos y amigos, tomando como base influencias de vidas anteriores, obligaciones que necesitaban cumplir, gente que necesitaban ayudar, deudas personales y eventos que elegían por gusto o curiosidad. Otros no planeaban con tanto detalle, ya sea debido a su inexperiencia o por apurarse a volver a tomar un nuevo cuerpo debido a casos especiales. Muchos de ellos, aunque nos parezca extraño, escogían accidentes, enfermedades, trastornos, disfunciones genéticas o cuerpos con poca utilidad con el fin de aprender lecciones específicas. Algunos se sorprendían de darse cuenta que sus peores enemigos en esta vida, habían tomado el acuerdo de representar ese papel, siendo amigos del alma en el mundo espiritual.

Los individuos entrevistados acuerdan en que la evaluación de la vida no es un juicio, sino un ejercicio de amor y sanación. Al parecer, al morir y observar nuestra vida sin los anteojos del ego, somos capaces de sentir las satisfacciones y desdichas que nuestros actos causaron en otras personas, sin poder justificarnos como cuando estamos en el cuerpo material. Es por esto que queremos apurarnos a reparar o trabajar esos asuntos que quedaron pendientes con nuestros semejantes. Algunos se asesoran con sus maestros y guías para poder hacer un mejor papel y salir adelante más rápido.

Esto me recuerda a la organización de una gran obra de teatro, en donde los personajes se ponen de acuerdo y ensayan sus papeles. A veces la obra sale como estaba planeada, otras veces se presentan contingencias que obligan a los actores a improvisar su actuación. Creo que eso nos pasa muy seguido.

Algunos autores llaman a este proceso “acuerdos del alma” o “contratos sagrados”, ya que, según las necesidades y obligaciones, establecemos un contrato de amor con nuestros seres queridos para ayudar y ser ayudados en el aprendizaje de lecciones de vida, forjando caracteres, experimentando sensaciones nuevas o trabajando las deudas pendientes. Cada persona, de acuerdo a su historia y características realizará este proceso de manera diferente, algunos con más posibilidades de improvisar que otros, con más retos que otros y con más lecciones que otros.

Aun así, todos tenemos la opción de escoger si cuando llegue el momento de cumplir, realmente vamos a actuar según lo acordado y más allá de eso, tenemos la opción de escoger la actitud que vamos a tomar ante aquella situación planeada. Si, estamos destinados a algo, pero ¿escogeremos cumplir con ese destino? Además, como me dijo un amigo muy querido, DESTINO es una palabra muy grande, muy amplia, que abarca muchas situaciones y aprendizajes. No es lo mismo tener el destino de casarse con alguien que tener el destino de volver a Dios. Todo depende.

Les dejo todo a su consideración. Como dijo otro amigo, nadie tiene la verdad absoluta, yo los invito a preguntarse si esto resuena o concuerda con sus creencias, al final, lo que importa es lo que les diga su vocecita interna.

Pero, ¿a poco no está interesante?

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