Creencias limitantes
“No soy bueno para las matemáticas”
“No voy a poder obtener ese trabajo”
“Siempre he sido malo para los deportes”
Me atrevería a decir que todos hemos tenido este tipo de pensamientos alguna vez. Son ideas que tenemos acerca de nosotros o del mundo que nos rodea. Actuamos y nos relacionamos con base en esas ideas y creencias que aseguramos plenamente son verdad, pero ¿lo son?Las creencias son ideas y aprendizajes que absorbemos de nuestra familia y de la sociedad, así como también de la cultura en la que estamos inmersos (incluyendo las lecciones de los medios masivos de comunicación). Cuando creemos que somos capaces, inteligentes y que tenemos recursos, es maravilloso, pues esas ideas nos motivan y empujan en nuestro desarrollo de vida. Sin embargo, cuando nuestras creencias giran alrededor de la incapacidad, lo imposible o la miseria, las llamamos limitantes, ya que nos impiden avanzar, limitan nuestra evolución y bloquean la energía vital. Las creencias no son buenas ni malas, falsas ni verdaderas, son simplemente ideas que tenemos acerca de cómo funciona el mundo y cada quien las toma como verdad absoluta.
Empezamos a aprender cómo funciona el mundo y la manera en la que los demás nos perciben desde muy temprana edad, “programándonos” así para nuestra futura experiencia en la vida. Los primeros 7 u 8 años de vida son un período de absorción, nos impregnamos de formas de vida, ideas, hábitos y conductas. Todo este aprendizaje se imprime directamente en el subconsciente y a veces ahí lo guardamos, sin recordar su existencia. Por ejemplo, no nos acordamos que cuando éramos muy pequeños, cada vez que hacíamos la tarea de matemáticas, nuestro padre se desesperaba y volteaba los ojos, diciendo “nunca vas a aprender!”, pero años después nos costaba tanto trabajo pasar matemáticas y los desesperados éramos nosotros, sin saber por qué al nerd del salón se le facilitaban las cuentas y nosotros no entendíamos un número. Por supuesto que esto se refuerza pensando continuamente: “No soy bueno para las matemáticas” y reprobando la materia. Una y otra vez nos reprogramamos para la conducta negativa o destructiva que no hemos podido erradicar.
De igual manera aprendemos a ser negativos, depresivos, pesimistas, a no confiar en nosotros mismos, a creer que no merecemos, que somos desgraciados, incapaces, que todo nos pasa a nosotros, que la vida es difícil, que el dinero no crece en los árboles… Suena conocido, no?
Muchas personas son capaces de identificar estas creencias, otras las tienen totalmente enterradas en su subconsciente, sin saber el daño que les están causando, y lo que es peor, sin saber que las esparcen y diseminan por ahí, enseñándolas a sus familiares e hijos. Es importante aclarar que todas nuestras creencias tienen una razón de ser, y la más importante de esas razones es la seguridad. Nuestras creencias nos mantienen seguros en nuestro propio mundo, por eso las mantenemos y nos aferramos a ellas.
Si quieres identificar tus creencias limitantes, observa detenidamente las áreas de tu vida en las que crees que tienes fallas o que ocurre algo que no te gusta. Escribe un breve párrafo acerca de qué pasa y cómo funcionan las cosas. Piensa quién fue la persona que te enseñó lo que escribiste. Esa creencia ¿te sirve? ¿Aún funciona para ti? Es muy útil creer que el agua de una alberca es peligrosa si tienes dos años, pero si tienes 20, la creencia te limita a no aprender a nadar. Tal vez en tu casa el mensaje que circula es que no puedes obtener un puesto ejecutivo en una empresa, difícilmente la idea te permitirá siquiera intentarlo.
Existen muchas técnicas para eliminar y modificar creencias limitantes, si identificaste algunas ideas negativas en el ejercicio que acabo de mencionar, acércate a un profesional que te pueda guiar y te de algunos ejercicios para cambiar tu forma de pensar. El objetivo es que tomes el control de tu vida, que hagas lo que en realidad te apasiona y no dejes que una serie de pensamientos bloquee tu desarrollo. ¿No crees que puedes cambiar? ¡Esa es una creencia limitante!
Suerte!


















Si, Erika, eso es lo que trato de hacer con mi hijo, y lo mas padre de todo es que aunque estos niños ya tengan creencias definidas, todavía pueden ser modificadas, no es tan difícil, pero si se necesita de un esfuerzo conjunto de padres y maestros, ya que somos las personas mas importantes y significativas en las vidas de nuestros niños… Cuando quieras hacemos la prueba con tus alumnos y les hacemos una platica acerca de esto, es cuestion de que nos den permiso!
Gracias por leer mi columna!
Gisell, me parece una manera muy sencilla de explicar por qué a veces estamos convencidos de algo que ni siquiera hemos intentado. En mi trabajo puedo ver, que a pesar de que los primeros 8 años de vida (tal y cómo lo mencionas) son determinantes en la formación de esas creencias, existen muchos niños que están convencidos a penas a sus cortos 8 o 9 años, de que no son buenos para muchas cosas… te hago una lista:
para trabajar en equipo, para cálculo mental, para aprender las tablas, para crear nuevas ideas, para ser ordenados….. en fin, una larga lista que me queda claro que no sólo los papás formamos en nuestros hijos, también los maestros ponemos mucho de nuestra parte y contribuimos en reafirmar esas ideas que ya los padres también van dejando cada día. Se me ocurre entonces que si eso de las creencias es cosa inevitable e inherente al ser humano, que te parece si mejor sembramos muchas creencias pero todas al revés:
eres muy bueno en matemáticas, eres tan ordenado, cuando trabajas en equipo logras grandes resultados, en un sólo día te aprendiste la tabla de 6…yo me tarde 3 semanas…. un abrazo